Espíritu Rocker
Fotos: Nora Lezano y Sebastián Arpesella
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María Cherñajovsky trabaja para que su marca sea vanguardista y fashion, pero también para que exprese lo que les pasa a las mujeres de estos tiempos.
Su actual colección se presentó con una campaña de concientización acerca de problemáticas de la mujer como el abuso, la anorexia, el cáncer de mamas y el aborto. “María Cher es una marca fashion, pero no es boluda”, apunta su creadora.
Cada nueva colección de una marca de ropa debe saber conjugar el espíritu creativo de su diseñador y las demandas de determinados segmentos que marcan tendencia en el mercado. Si la propuesta textil se inclina más hacia la mirada personal del diseñador, solemos etiquetarla como “de autor”. Si la oferta, en cambio, se ajusta demasiado al corsé del mercado, es probable que la cataloguemos como “masiva” o “comercial”. Ahora bien, es claro que existen términos medios. Hay una suerte de tensión adecuada entre la impronta personal de una propuesta y sus potencialidades comerciales, entre una actitud subjetiva y la adaptación a las tendencias imperantes. Un equilibrio que en la firma María Cher se expresa, según su creadora, María Cherñajovsky, a modo de convivencia y madurez: “Mi marca es comercial, pero, por otro lado, es de diseño, tiene una estética muy fuerte”, asegura. Y luego tira una definición: “María Cher se anima a no ser light. Es fashion, pero no boluda”.
Desde el vamos, esta firma con seis años de ruedo en el mercado porta una actitud rockera. Sus estampados, colores y prendas, que suelen remitir al glam rock de los ‘80, así como sus colecciones con toques irreverentes, son la trama más visible de esta expresión. Pero lo que caldea el espíritu rockero de María Cher es un ánimo comprometido, disconforme y siempre movilizante. Una prueba de esto fue el lanzamiento de la actual colección primavera-verano con una campaña de concientización acerca de problemáticas de la mujer como el abuso, la anorexia, el cáncer de mamas y el aborto. Un terreno inexplorado por las marcas de moda femenina. En la misma línea de compromiso, María impulsó en la Fundación Paz el programa “Cosiendo Redes de Trabajo”, que tiene como objetivo capacitar en la costura a personas que no tienen oficio ni recursos.
María Cherñajovsky estudió diseño de indumentaria en la prestigiosa escuela londinense Central Saint Martins. En 2001 regresó a Buenos Aires y lanzó su propia marca, que hoy ya cuenta con cuatro locales: uno en Palermo y otros tres en los shoppings Paseo Alcorta, Patio Bullrich y Solar de la Abadía. Además, exporta sus productos a países como Uruguay, Chile, Japón y los Estados Unidos.
Se podría decir que esta firma interpela a una mujer femenina, independiente y con mucha personalidad. Obviamente, no es la única: hay un nutrido grupo de marcas locales que recurren a estos mismos conceptos para asignarles identidad a sus propuestas. De todos modos, María trata de diferenciarse: “Muchas marcas apelan a ese tipo de mujer únicamente desde el discurso. En realidad, son light, usan corazones, y en ellas todo es fresco y bello. Sus colecciones me pueden parecer divinas, pero no responden a las características de una mujer”.
¿Cómo hace tu marca para sustentar esos conceptos y que la propuesta no se pierda entre las demás que se identifican con los mismos atributos?
Basta con comparar mi campaña con las campañas de las demás marcas. Mirala a Leticia Brédice [imagen de María Cher]. Y mirá lo que estoy diciendo acerca de la mujer y sus temáticas. En las campañas de las otras marcas siempre ves a una chica que la está pasando bárbaro, que tiene los ojos celestes y un cuerpo fantástico.
Bueno, Leticia no está nada mal…
No, claro. Pero ojo: Leticia tiene 30 años, tiene la cachucha caída. Leticia es una actriz, está separada, casada, tiene un hijo. Por eso la elegimos. No elegimos a una chica de 18 años, que acaba de salir del colegio secundario.
¿Se pueden traducir los conceptos de personalidad e independencia en la producción de las prendas?
Sí. Nuestro trabajo morfológico es muchísimo más complejo que el de las demás marcas de los shoppings, como Jazmín, Paula o Vitamina. No que el de Trosman, que es una marca más exclusiva, pero sí que el de todas las demás. Mis prendas tienen mucha más elaboración en sus formas. Vendemos, por ejemplo, pantalones con muchísima tela, que son para una mujer con personalidad. Tiene que ver con una estética más personal, menos uniformada. La ropa de María Cher se puede mezclar con prendas de otras marcas, o dentro de la misma marca, lo nuevo con lo vintage. La colección tiene pantalones muy clásicos, rockeros, súper vanguardistas. Nuestras clientas son desde minas grandes hasta pendejas de 16, y todas mezclan la ropa de forma distinta. Es una de las cosas más fuertes que le pasan a la marca.
¿Cómo entra el rock en tu propuesta textil?
Cuando era chica, el rock me gustaba mucho. Además tengo un grupo de amigos rockeros. De ahí viene esa influencia. Estoy más relacionada con el glam rock de los ‘80, y David Bowie es una gran inspiración. En la moda, esa estética se expresa como una suerte de mezcla entre lo zaparrastroso y la lujuria. Es el saco dorado o estampado de animal print, mezclado con una remera rotosa y unos zapatos clásicos. También son las formas, los chupines, las calzas, lo ajustado, las botas en punta, las remeras hechas mierda. Mi marca tiene algo de rockero, aunque también viste a mujeres de 30 años.
SELLO VANGUARDISTA
La colección primavera-verano 2007 de María Cher presenta un mix entre una línea de prendas que remite a siluetas lánguidas, característica de la marca, y una línea basada en la sastrería masculina con especial atención en la perfección del corte, la confección y el calce. La mixtura de esta colección permite que telas muy suaves y con mucha caída convivan con elementos clásicos de formalidad –como los motivos de rayas verticales– que remiten a una estética elegante y masculina. “Esta mezcla me parece interesante. Por otro lado, la colección tiene una paleta muy tranquila: mucho blanco, azul, aunque de repente hay toques de estampas con mucho brillo, con distintos tipos de flores y con colores más eléctricos como el rojo. Es una colección que tiene algunas cosas medio de los años ‘50, como, por ejemplo, prendas con saquitos bien abiertos en forma de A”.
¿Te guías por instancias de uso definidas, como “el trabajo”, “la noche” o “la casa”, al momento de pensar la ropa?
Sí, me guío por esas categorías. El proceso es el siguiente: para ponerme a diseñar, en primer lugar hago un caos total y tiro en la mesa todo lo que tengo ganas de hacer para la línea de esa temporada. Busco en qué inspirarme y me imagino cuál va a ser la paleta. A partir de ahí, tiro ideas y dibujo, dibujo, dibujo… Previo a todo este proceso hay una matriz comercial diseñada por el analista de producto de la marca. Entonces, yo empiezo a armar distintas familias de prendas en función también de esta matriz que me dice cuántos productos tengo que lanzar para la noche, cuántos para el día y a qué precios públicos.
¿Cuáles son tus fuentes de inspiración?
Me inspira sobre todo la gente: desde un linyera hasta un basurero con uniforme. También el gorro de policía, el chupín del policía en moto, las botas. Los uniformes me súper inspiran. En la marca tenemos una suerte de director creativo que está mirando e inspirándose todo el tiempo en cosas de afuera, informándose. Lo incorporamos porque yo acabo de ser mamá y no puedo viajar tanto o ir a ver obras de teatro o cine como antes, y creo que eso es clave para poder volcarlo en mi propuesta. Por otra parte, él tiene una formación muy abierta en cine, fotografía, pintura. Además trabajó como creativo publicitario y le gusta mucho la indumentaria. Lo contratamos para que la compañía no se avejente, para que siga llamando la atención por su sello vanguardista, además de mantener el perfil comercial.
Más allá de las adaptaciones estacionales, ¿qué conceptos en común tienen tus colecciones?
El concepto de hoy es mucho más amplio que el del comienzo, porque tengo colecciones de 300 artículos y porque soy una marca más comercial con propuestas más abiertas. Antes tenía menos productos y casi podías ver el cuentito. Hoy por hoy, es otra cosa. Lo que enfoco actualmente es el trabajo sobre el producto, aunque, si tengo una prenda que está demasiado colgada de la palmera respecto de las otras, no queda bien. Y eso es porque realmente sigue habiendo un cuento.
¿Se puede poner en palabras ese cuentito?
No es tan claro. Hay colecciones en las que yo tengo más ganas de decir “seamos más rockeros”. Otras veces tengo ganas de trabajar algo más suave, con paletas más claras. Ahora quiero sacar colecciones con colores mucho más fuertes y estampas más fuertes. Me reinvento todo el tiempo.




