BABASONICOS
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La banda, formada en 1991, atraviesa un momento de enorme éxito. En mayo, editó el disco Mucho, que presenta algunas de las canciones más sólidas de su carrera. Parece una buena ocasión para repasar la trayectoria de la banda y escuchar lo que dicen sobre la fama, el ambiente under porteño y el futuro del rock.
“¡No nos pregunten nada más, déjense de joder!”. El comienzo de la entrevista no es muy auspicioso. Sentados frente al grabador, los guitarristas Mariano Roger y Diego Rodríguez despotrican contra la prensa. Un poco más lejos, Diego “Panza” Castellanos, el baterista del grupo, hojea revistas viejas. Diego Tuñón, el tecladista, y Adrián Dárgelos, el cantante, deambulan por el estudio de fotografía.
Dentro de un rato, Dárgelos se acercará al grabador para plantear con elocuencia su mirada sobre el presente y el futuro del rock. Por ahora, Roger continúa con su alegato (según él, se trata de una expiación): “Cuando la gente habla de Babasónicos, piensa en el éxito, los viajes y la guita, pero se olvida de que tocamos nueve años en Cemento esperando algo que no llegaba nunca. Mientras tanto, en pleno gobierno menemista, otras bandas viajaban a Londres para grabar sus discos en los estudios Abbey Road. ¡Los integrantes de esas bandas deberían responder más preguntas que nosotros!”. Sonríe y agrega: “Yo tengo varias preguntas para ciertas bandas: por qué sus shows no generan nada en la gente, por qué no editan un disco desde hace años… Babasónicos no paró de dar conciertos y de grabar discos, así que no nos pregunten nada y déjennos monologar”.
Babasónicos ocupa hoy un lugar de privilegio en la escena del rock local. Los integrantes de la banda lo saben bien. Si siempre mostraron un discurso agitador y opuesto a los lugares comunes, ¿por qué habrían de cambiarlo ahora, cuando tantas miradas se concentran en ellos?
La encendida argumentación de Roger contiene al menos una verdad innegable: desde su formación –en 1991–, Babasónicos viene tocando y grabando discos sin parar. En la actualidad (a pocos meses de la muerte Gabo Manelli, bajista del grupo), la banda se muestra tan activa como en sus comienzos y parece dispuesta a seguir desplegando su particular visión de la música.
Diego Rodríguez continúa con sus quejas, aunque su tono ya es más conciliador. “Se nos hace difícil responder preguntas que intentan teorizar sobre nuestro trabajo. No hay que sacarles misterio a los discos”, sostiene.
CANCIÓN, LLÉVAME LEJOS
Babasónicos ha editado nueve discos oficiales y cuatro no oficiales y ha compuesto la banda de sonido de la película Las mantenidas sin sueños (2005), de Vera Fogwill y Martín Desalvo. Los primeros álbumes de la banda aportaron estampidos de collages sónicos en los que se combinaban, con desparpajo, rock, funk, rap, heavy y psicodelia suburbana. Ese sonido fue mutando y, con el cambio de milenio, Babasónicos se apartó del caos sonoro para emprender la búsqueda concienzuda de la canción perfecta. Así, su ecléctica música decantó en composiciones más simples que implicaron el éxito masivo de Jessico (2001), Infame (2003) y Anoche (2005).
En mayo, la banda lanzó el disco Mucho. La duración del álbum –poco más de 30 minutos– y la precisión de las canciones que lo integran dan cuenta de un trabajo minucioso. En Mucho, nada sobra. La instrumentación es refinada y la voz de Dárgelos se las arregla, como siempre, para sonar seductora incluso cuando pronuncia frases como “a la mierda lo que digan los demás, / voy a escupirte entre los ojos”.
Hablemos, aunque no les guste, de Mucho.
ROGER: Todo bien. Aunque me queje, respondo las preguntas. Muchas veces siento que no hay que hablar tanto. En un mundo ideal, los discos hablarían solos y los músicos se encontrarían con los periodistas para conversar sobre otras cosas; por ejemplo, sobre minas. No me parece necesario hablar del disco porque está ahí y cualquiera lo puede escuchar.
¿No hablan sobre sus discos entre ustedes?
ROGER: No. Hablamos tanto en las notas que Mucho nos tiene podridos. Al menos, eso me pasa a mí.
RODRÍGUEZ: En general, los debates de la banda se generan mientras se produce, se graba y se mezcla un disco.
¿Qué relación existe entre Mucho y sus discos anteriores?
ROGER: No sé si hay una relación directa entre este álbum y los otros. Como trabajamos juntos desde hace tiempo, ya tenemos un modo de componer, producir, orquestar y tocar y es inevitable que aparezcan ciertos patrones que forman parte de nuestra esencia. Esos patrones, que van ganando brillo y embelleciéndose, trazan un camino que se puede rastrear en todos nuestros discos. Al mismo tiempo, en cada álbum de Babasónicos se advierte una cara distinta; de algún modo, tratamos de partir siempre de cero y hacemos de cuenta que estamos grabando por primera vez. Entonces, cada disco conjuga las formas propias de la banda, que vamos perfeccionando sin darnos cuenta, y la necesidad de pensar que no existen nuestros discos anteriores. Mucho nace de esa dialéctica.
Las canciones de Mucho parecen más ajustadas que las de discos anteriores. ¿A eso te referís cuando hablás de perfeccionamiento?
ROGER: Cuando editamos Jessico, mucha gente salió a decir que tenía temas más directos que los discos anteriores. No sé qué es una canción “directa”. Los temas de Anoche tenían estructuras más rígidas, con estrofas y estribillos que se repetían sin demasiado desarrollo instrumental. Mucho me parece más denso desde el punto de vista instrumental y melódico.
Leé la entrevista completa en la edición número 55 de Revista G7.
IRONÍA, por Marcelo Cohen, escritor.
Conocí a Babasónicos por casualidad, como suceden las cosas importantes. Nos cruzamos hace unos años en el programa de radio que Juan di Natale conducía los sábados a la tarde, adonde yo había ido para hacer una lectura. Luego de ese encuentro, Adrián Dárgelos leyó mis libros y, tiempo después, me contactó para charlar sobre ellos. Desde entonces, mantenemos una relación de amistad. Cuando escuché por primera vez a Babasónicos, me llamaron la atención las texturas sonoras de sus canciones, los cortinados de guitarra que usan y el hecho de que no reparen en que, a veces, suenan un poco retro. También me sorprendió la exactitud sintáctica de las letras; en aquel momento, la mayoría de los músicos hacían canciones demagógicas o escribían letras impenetrables. En Babasónicos encontré un equilibrio poco frecuente entre lo comprensible y dobles o triples ironías que tienen el poder de descolocar.




